lunes, septiembre 28, 2009

NUEVO AÑO ESCOLAR 2009/2010

Con la siempre ayuda de DIOS iniciamos este año escolar con muchas expectativas. Seguir construyendo,en el AULA y con los chamos el futuro de nuestro hermoso País VENEZUELA,...
















A los padres, madres y/o representantes, atentos con la corresposabilidad para con sus hijos y el apoyo en conjunto para el trabajo formativo en nuestra ESCUELA JUAN CLAUDIO COLÍN,..
















A TODOS LOS ALUMNOS (AS) PENDIENTE CON LA PLANIFICACIÓN DEL PRIMER LAPSO:

LIBROS DE LECTURA:

SÉPTIMOS GRADOS: EL PRINCIPITO. AUTOR: ANTOINE DE SAINT EXUPERI.
OCTAVOS GRADOS: DIANA EN LA TIERRA WAYUÚ. AUTOR: LAURA ANTILLANO.
NOVENOS GRADOS: MEMORIAS DE MAMÁ BLANCA. AUTOR: TERESA DE LA PARRA.
QUINTO AÑO: MARÍA. AUTOR: JORGE ISAACS.



SÉPTIMOS GRADOS:

EL PRINCIPITO: CAPÍTULO CINCO

Cada día aprendía algo sobre el planeta, sobre la partida, sobre el viaje; muy pausadamente, al azar de las reflexiones. Es así como el tercer día conocí el drama de los baobabs. Fue de nuevo gracias al cordero, porque bruscamente el principito me preguntó, como asaltado por una grave duda: - Es bien seguro, verdad, que los corderos comen arbustos? - Si, es cierto. - Ah! Me alegro. No entendí por qué era tan importante que los corderos comiesen arbustos. Pero el principito agregó: - Entonces comen también baobabs? Le hice notar al principito que los baobabs no son arbustos sino árboles grandes como iglesias y que aunque se llevara toda una manada de elefantes, la manada no acabaría ni con un solo baobab. La idea de la manada de elefantes hizo reír al principito:
- Habría que ponerlos unos sobre otros...
Pero señaló sabiamente: - Antes de crecer, los baobabs comienzan siendo pequeños. - Es verdad! Pero por qué quieres que tus corderos coman los pequeños baobabs? Me respondió: "Bueno! Vamos!" como si fuera algo evidente. Y necesité un gran esfuerzo mental para comprender por mí mismo el problema.
Resulta que en el planeta del principito había, como en todos los planetas, hierbas buenas y hierbas malas. Por lo tanto buenas semillas de hierbas buenas y malas semillas de hierbas malas. Pero las semillas son invisibles. Duermen en el secreto de la tierra hasta que a una se le antoja despertarse. Entonces se estira, y extiende tímidamente hacia el sol una encantadora ramita inofensiva. Si se trata de una ramita de rábano o de rosal, se la puede dejar crecer como quiera. Pero si se trata de una maleza, hay que arrancarla en seguida, en cuanto se la pudo reconocer. Ahora bien, había unas semillas terribles en el planeta del principito... eran las semillas de baobab. El suelo del planeta estaba plagado de ellas. Y de un baobab, si uno se deja estar, no es posible desembarazarse nunca más. Obstruye todo el planeta. Lo perfora con sus raíces. Y si el planeta es demasiado pequeño, y si los baobabs son numerosos, lo hacen estallar.
"Es cuestión de disciplina, me decía más tarde el principito. Después de terminar la higiene matinal, hay que hacer con cuidado la limpieza del planeta. Hay que obligarse regularmente a arrancar los baobabs en cuanto se los distingue de los rosales, a los que se parecen mucho cuando son muy jóvenes. Es un trabajo muy fastidioso, pero muy fácil." Y un día me aconsejó esforzarme en lograr un buen dibujo, para meter bien esto en la cabeza de los niños de mi tierra. "Si algún día viajan, me decía, esto les puede servir. A veces no hay problema en dejar el trabajo para después. Pero en caso de tratarse de baobabs, es siempre catastrófico. Conocí un planeta habitado por un perezoso. Había ignorado tres arbustos..." Y con las indicaciones del principito, dibujé el planeta en cuestión. No me gusta adoptar un tono moralista. Pero el peligro de los baobabs es tan poco conocido, y los riesgos a correr por quien se pudiera perder en un asteroide tan considerables, que por una vez hago excepción a mi reserva. Digo: "Niños! Tengan cuidado con los baobabs!" Es para advertir a mis amigos sobre este peligro cercano, desconocido para ellos tanto como para mí, que trabajé tanto en este dibujo. La lección brindada bien valía la pena. Ustedes se preguntarán quizá: Por qué no hay en este libro otros dibujos tan grandiosos como el dibujo de los baobabs? La respuesta es muy simple: lo intenté pero no lo pude lograr. Cuando dibujé los baobabs estuve animado por un sentimiento de urgencia.


CAPÍTULO OCHO:

Aprendí bien pronto a conocer mejor a esa flor. Siempre había habido en el planeta del principito flores muy simples, adornadas con una sola fila de pétalos, que ocupaban poco lugar y que no molestaban a nadie. Aparecían una mañana en el pasto, y luego se extinguían a la noche. Pero ésta había brotado un día de una semilla traída de no se sabe dónde, y el principito había vigilado muy de cerca esa ramita que no se parecía a las otras ramitas. Podría tratarse de un nuevo tipo de baobab. Pero el arbusto dejó pronto de crecer y comenzó a preparar una flor. El principito, que asistía a la instalación de un capullo enorme, sentía que de allí surgiría una aparición milagrosa, pero la flor no terminaba de prepararse para estar bella, al abrigo de su habitación verde. Elegía con cuidado sus colores. Se vestía lentamente, ajustaba sus pétalos uno por uno. No quería salir toda arrugada como las amapolas. No quería aparecer sino en pleno resplandor de su belleza. Y sí! Era muy coqueta! Su aseo misterioso había entonces durado días y días. Y he aquí que una mañana, justo a la hora de la salida del sol, se había mostrado.
Y ella, que había trabajado con tanta precisión, dijo bostezando: - Ah! acabo de despertarme... Le pido perdón... Estoy todavía toda despeinada... El principito, entonces, no pudo contener su admiración: - Qué bella es usted!
- Verdad que sí -respondió dulcemente la flor-. Y nací al mismo tiempo que el sol... El principito comprendió que no era muy modesta, pero era tan conmovedora! - Es la hora, creo, del desayuno -había agregado poco después-, tendría la bondad de pensar en mí... Y el principito, todo turbado, buscando una regadera con agua fresca había atendido a la flor. Así, ella lo había atormentado en seguida con su vanidad un poco tempestuosa. Un día, por ejemplo, hablando de sus cuatro espinas, le dijo al principito: - Ya pueden venir, los tigres, con sus garras! - No hay tigres en mi planeta -había objetado el principito-, y además los tigres no comen hierba.
- Yo no soy una hierba-, había respondido suavemente la flor. - Discúlpeme... - No temo en absoluto a los tigres, pero tengo horror a las corrientes de aire. No tendría usted una pantalla? "Horror a las corrientes de aire... no es muy afortunado, para una planta, había observado el principito. Esta flor es bien complicada..."
- A la noche me pondrá bajo un globo. Hace mucho frío en este lugar. Está mal acondicionado. Allá, de donde vengo... Pero se interrumpió. Ella había venido en forma de semilla. No había podido conocer nada de otros mundos. Humillada por haberse dejado sorprender preparando una mentira tan ingenua, había tosido dos o tres veces para hacer sentir en falta al principito: - Y esa pantalla ?... - Iba a buscarla pero usted me hablaba!
Entonces ella había forzado su tos para infligirle de todos modos remordimientos. Así el principito, a pesar de la buena voluntad de su amor, pronto dudó de ella. Había tomado en serio palabras sin importancia, y se volvió muy desdichado. "Debería no haberla escuchado -me confió un día-, no hay que escuchar nunca a las flores. Hay que mirarlas y olerlas. La mía perfumaba mi planeta, pero yo no sabía alegrarme con ella. Esa historia de garras, que me había irritado tanto, debería haberme enternecido..." Me confió todavía:
"No supe entonces entender nada! Debería haberla juzgado por los actos y no por las palabras. Me perfumaba y me iluminaba. Nunca debería haberme escapado! Debería haber adivinado su ternura detrás de sus pobres artimañas. Las flores son tan contradictorias! Pero yo era demasiado joven para saber amarla."

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