sábado, octubre 10, 2009

CONTROLES DE LECTURA ESCRITOS

BARRA DE GOOGLE PARA QUE UBIQUEN INFORMACIÓN RELACIONADA CON LAS LECTURAS Y LOS CONTENIDOS A ESTUDIAR, SEGÚN EL CRONOGRAMA DE ACTIVIDADES

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AVISO:

A LOS ALUMNOS DE OCTAVO GRADO SECCIÓN A QUE PRESENTAN CONTROL DE LECTURA ESCRITO, QUE: EL MATERIAL SE LEERÁ EN EL AULA DE CLASES Y LUEGO SE APLICARÁ LA EVALUACIÓN. Liliana Mota.


LECTURAS ELEGIDAS: DIANA EN LA TIERRA WAYÚU Y LA HERENCIA: SE SUGIERE INVESTIGAR LA BIOGRAFÍA DE LOS AUTORES (AS) DE LAS OBRAS.

SÉPTIMOS GRADOS: CAPÍTULOS EVALUAR LA SEMANA III:





CAPÍTULOS I, II Y III DE EL PRINCIPITO:













CAPÍTULO I

Cuando yo tenía seis años vi en un libro sobre la selva virgen que se titulaba "Historias vividas", una magnífica lámina. Representaba una serpiente boa que se tragaba a una fiera. Esta es la copia del dibujo.

En el libro decía: "Las serpientes boas se tragan su presas enteras, sin masticarlas. Luego no pueden moverse y duermen durante los seis meses que dura su digestión".

Reflexioné mucho en ese momento sobre las aventuras de la jungla y a mi vez logré trazar con un lápiz de colores mi primer dibujo.
Mi dibujo número 1. Era asi:

Enseñé mi obra de arte a las personas mayores y les pregunté si mi dibujo les asustaba.

-¿Por qué habría de asustar un sombrero? - me respondieron.

Mi dibujo no representaba un sombrero. Representaba una serpiente boa que digería un elefante. Dibujé entonces el interior de la serpiente boa a fin de que las personas grandes pudieran comprender. Siempre necesitan explicaciones.
Mi dibujo número 2 era así:

Las personas grandes me aconsejaron que dejara a un lado los dibujos de serpientes boas abiertas o cerradas, y que me interesara un poco más en la geografía, la historia, el cálculo y la gramática. Asi fue cómo, a la edad de seis años abandoné una magnífica carrera de pintor. Había quedado desilusionado por el fracaso de mis dibujos número 1 y número 2.

Las personas grandes nunca comprenden nada por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones.

Tuve, pues, que elegir otro oficio y aprendí a pilotear aviones. He volado un poco por todo el mundo y la geografía, en efecto, me ha servido de mucho; al primer vistazo podía distinguir perfectamente la China de Arizona. Esto es muy útil, sobre todo si se pierde uno durante la noche.

A lo largo de mi vida he tenido multitud de contactos con multitud de gente seria. Viví mucho con personas grandes. Las he conocido muy de cerca; pero esto no ha mejorado demasiado mi opinión sobre ellas.

Cuando me he encontrado con alguien que me parecía un poco lúcido, lo he sometido a la experiencia de mi dibujo número 1 que he conservado siempre. Quería saber si verdaderamente era un ser comprensivo. Pero siempre me respondian:: "Es un sombrero". Entonces no le hablaba ni de serpientes boas, ni de la selva virgen y ni de estrellas. Poniéndome a su altura, les hablaba del bridge, del golf, de política y de corbatas. Y la persona grande se quedaba muy contento de conocer a un hombre tan razonable.

CAPÍTULO II
Viví entonces solo, sin nadie con quien hablar en serio, hasta que sufrí una avería en el desierto del Sahara hace seis años. Algo se había roto en mi motor. Y como no tenía conmigo ni mecánico ni pasajeros, me dispuse a intentar lograr yo solo una reparación difícil. Era para mí una cuestión de vida o muerte. Apenas tenía agua para beber ocho días.

La primer noche me dormí entonces sobre la arena, a mil millas de cualquier lugar habitado. Estaba realmente más aislado que un náufrago sobre una balsa en medio del océano. Se imaginan entonces mi sorpresa, al amanecer, cuando una extraña vocecita me despertó. Decía:

- Por favor... dibújame un cordero !

- Eh!

- Dibújame un cordero...

Me paré de un salto, como si hubiera sido alcanzado por un rayo. Me froté bien los ojos. Miré bien. Y vi un extraordinario hombrecito que me examinaba con seriedad. He aquí el mejor retrato que pude luego hacer de él. Pero mi dibujo, sin duda, es mucho menos encantador que el modelo. No es mi culpa. Había sido desalentado en mi carrera de pintor por las personas mayores, a la edad de seis años, y no había aprendido a dibujar más que las boas cerradas y las boas abiertas.

Miré entonces esta aparición con los ojos bien abiertos por la sorpresa. No olviden que me encontraba a mil millas de cualquier lugar habitado. Sin embargo mi hombrecito no me parecía ni perdido, ni muerto de cansancio, ni muerto de hambre, ni muerto de sed, ni muerto de miedo. No tenía para nada el aspecto de un niño perdido en medio del desierto, a mil millas de cualquier lugar habitado. Cuando logré finalmente hablar, le dije:

- Pero... qué haces acá ?

Y entonces me repitió, muy dulcemente, como una cosa muy seria:

- Por favor... dibújame un cordero...

Cuando el misterio es demasiado impresionante, no es posible desobedecer. Por absurdo que me pareciese a mil millas de todos los lugares habitados y en peligro de muerte, saqué de mi bolsillo una hoja de papel y una pluma. Pero entonces recordé que había estudiado sobre todo geografía, historia, matemática y gramática y le dije al hombrecito (con un poco de mal humor) que no sabía dibujar. Me respondió:

- No importa. Dibújame un cordero.

Como yo nunca había dibujado un cordero, rehice para él uno de los dos únicos dibujos que sabía: el de la boa cerrada. Y quedé estupefacto al escuchar al hombrecito responderme:

- No! No! No quiero un elefante dentro de una boa. Una boa es muy peligrosa, y un elefante es muy voluminoso. En casa es todo pequeño. Necesito un cordero. Dibújame un cordero.

Entonces dibujé.

Miró con atención, y luego:

- No! Este ya está muy enfermo. Hazme otro.

Yo dibujé:

Mi amigo sonrió amablemente, con indulgencia:

- Fíjate bien... no es un cordero, es un carnero. Tiene cuernos...

Rehice entonces nuevamente mi dibujo:

Pero fue rechazado, como los anteriores:

- Este es demasiado viejo. Quiero un cordero que viva mucho tiempo.

Entonces, colmada la paciencia, como tenía apuro en comenzar a desarmar mi motor garabateé este dibujo.

Y le espeté:

- Esta es la caja. El cordero que quieres está adentro.

Pero me sorprendí mucho al ver que se iluminaba el rostro de mi joven juez:

- Es exactamente así que lo quería ! Crees que este cordero necesite mucha hierba ?

- Por qué ?

- Porque en casa es todo pequeño...

- Seguramente le alcanzará. Te di un cordero bien pequeño.

Inclinó la cabeza hacia el dibujo:

- No tan pequeño... Mira! Se durmió...

Y fue así como conocí al principito.


CAPÍTULO III

Me llevó mucho tiempo comprender de dónde venía. El principito, que me hacía muchas preguntas, nunca parecía escuchar las mías. Son palabras pronunciadas al azar las que, poco a poco, me revelaron todo. Así, cuando vio por primera vez mi avión (no dibujaré mi avión, es un dibujo demasiado complicado para mí) me preguntó:
- Qué es esa cosa ?

- No es una cosa. Vuela. Es un avión. Es mi avión.

Y me sentí orgulloso de informarle que volaba. Entonces exclamó:

- Cómo! has caído del cielo !

- Sí, dije modestamente.

- Ah! qué curioso...

Y el principito soltó una hermosa carcajada que me irritó mucho. Me gusta que mis desgracias se tomen en serio. Luego agregó:

- Entonces, tú también vienes del cielo ! De qué planeta eres ?

Vislumbré en seguida una luz en el misterio de su presencia, y pregunté bruscamente:

- Vienes pues de otro planeta ?

Pero no me respondió. Movía la cabeza suavemente mientras miraba mi avión:

- Es verdad que, con eso, no puedes venir de muy lejos...

Y se sumió en un ensueño que duró un buen rato. Luego, sacando mi cordero de su bolsillo, se sumergió en la contemplación de su tesoro.


Se imaginan cuál podría ser mi intriga por esta semi-confidencia sobre "los otros planetas". Me esforcé entonces en averiguar más:

- De dónde provienes, mi niño ? Dónde queda "tu casa" ? Dónde quieres llevar mi cordero ?

Después de meditar en silencio me respondió:

- Lo que está bien, con la caja que me diste, es que a la noche le servirá de casa.

- Claro. Y si eres bueno, te daré también una cuerda para atarlo durante el día. Y una estaca.

La propuesta pareció chocar al principito:

- Atarlo? Qué idea tan rara !

- Pero si no lo atas, se irá a cualquier parte y se perderá...

Y mi amigo largó otra carcajada:

- Pero adónde quieres que vaya !

- A cualquier lado. Derecho hacia adelante...

Entonces el principito observó gravemente:

- No importa, es todo tan pequeño en casa !

Y, con un poco de melancolía quizá, agregó:

- Derecho hacia adelante no se puede ir muy lejos...



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