
LECTURA #1:
Caracas amaneció nublada. No se veía el Ávila ni las lomas del Alto Hatillo. De pronto comenzó a llover torrencialmente. Fuertes goterones de agua repicaban sin cesar sobre los techos rojos de las casas. Las calles empedradas se llenaron de charcos. Las aceras estaban desiertas. Las quebradas circundantes arrastraban las ramas y troncos que obstruían su cauce.
Caracas era entonces muy pequeña. Apenas la habitaban 45.000 personas, pero sus habitantes se sentían orgullosos de residir en ella. Los primeros Alcaldes lograron que en 1591 el Rey de España Felipe II la declarase “Muy noble y leal Ciudad”. Le otorgó además un escudo de armas como símbolo de su poder y majestad.
Todas las casas eran de una sola planta, adornadas con dos o tres ventanas con rejas. La puerta se alargaba a través del zaguán hasta el patio central. En él crecían naranjas, chaguaramos, cayenas y claveles.
Caracas tenía fama de ser muy fresca y limpia. Parecía un parque siempre florecido. Las quebradas Catuche y Anauco, hoy tan sucias, eran ríos cristalinos.
Más allá de la Hoyada por el Este y del Calvario por el Oeste, los campesinos sembraban caña y trigo. El café crecía en las laderas de las colinas. El Guaire era un río grande. Tan grande que podían navegar por él algunas embarcaciones.
Por entonces no ocurrían sucesos importantes. No había industrias y quienes no eran militares, sacerdotes o funcionarios públicos, se dedicaban al trabajo agrícola y ganadero. Venezuela no era todavía República, es decir, no gobernaba un presidente elegido por todos los venezolanos como ahora. Mandaba el Rey de España mediante un Gobernador y Capitán General. El Rey de España entonces se llamaba Carlos III y residía en Madrid.
Caracas seguía nublada. Todo el valle permanecía en silencio. De vez en cuando tronaba. Solamente de vez en cuando tronaba. Solamente en una casa aristocrática del centro, junto a la plaza de San Jacinto, había ambiente de alegría y cuchicheo. Poco después de mediodía se abrió la puerta principal y salió corriendo un mensajero. Seguía lloviendo. A pesar del aguacero, el mensajero se iba deteniendo en todos los portones de la calle y a gritos comunicaba a los residentes la gran noticia del día “ ¡A la familia Bolívar-Palacios les ha nacido un niño!”.
Horas más tarde escampó. Salió el sol de julio. Caracas se vistió de luces y fiesta. La mansión Bolívar se llenó de gente. Toda la ciudad quería felicitar al Coronel Juan Vicente Bolívar y a Doña Concepción Palacios.
El 24 de julio de 1783 marcaría en el calendario de la historia un comienzo trascendental.
Cuando le bautizaron, una semana después, le pusieron por nombre “SIMÓN”.

LA FAMILIA BOLÍVAR-PALACIOS
El apellido Bolívar era de origen vasco, del norte de España. El primer miembro de la dinastía vino a Venezuela con los colonizadores poco después de haber sido fundada Caracas. Los Bolívar se caracterizaban por su espíritu emprendedor y se dedicaron a la agricultura. Fueron ellos quienes convirtieron en tierras cultivables los valles de Aragua. Varios meses al año vivían en algunas de sus haciendas. Don Juan Vicente, padre de Simón, había nacido en La Victoria.
Gracias al trabajo y al floreciente comienzo que desplegó la Compañía Guipuzcoana, la familia Bolívar llegó a ser de las más ricas de Caracas. Además desempeñaron cargos en el Cabildo o Concejo Municipal y en el Puerto de La Guaira. Cuando nació Simón, sus padres se sentían más criollos que españoles. España sólo era ya para ellos la vieja patria de los abuelos o el país donde enviaban a los hijos a estudiar.
Los Bolívar eran hacendados. También mineros. Poseían una mina de cobre en Aroa, hoy estado Yaracuy. Siempre, además, habían procurado que un miembro de la familia fuera militar, Juan Vicente era Coronel, lo mismo que varios de sus antepasados. Por eso, cuando Simón fue a la pequeña academia de Artillería seguía la tradición familiar.
El apellido Palacios era gallego, Doña Concepción descendía de una familia culta. Era pariente de los Sojo, famosos músicos desde la Colonia hasta hoy. Sabía tocar la flauta con gran arte y notable sensibilidad. Era dulce, hogareña y muy preocupada por la educación de sus hijos.
Los Bolívar-Palacios se casaron se casaron en 1773. El tenía 47 años y ella solamente 15. Primero nació María Antonia, luego Juana María, después Juan Vicente y por último Simón. A los 25 años Doña Concepción era ya madre de cuatro hijos.
___Este muchachito me ha consumido la poca salud que tenía.
___se lamentaba resignada después de haber dado a luz al hijo menor.
Y así fue. Doña Concepción, desde entonces, tuvo que recurrir a la ayuda de Inés Mancebo, amiga de la familia y también a la de la Negra Hipólita para amamantar al bebé, Simón trató siempre a las dos con el cariño que se tributa a las madres.
Simón Bolívar Palacios nació, por consiguiente, en una familia rica. Sin embargo, no por nacer rico se nace digno y honrado. Lo admirable de Bolívar no fue la fortuna, sino su dedicación y entrega al servicio de los demás. Regaló sus salarios, regaló sus bienes. Su desprendimiento y generosidad serán tan sobresalientes que escribe:
“Renuncio desde luego a la pensión de treinta mil pesos anuales que la magnificencia del Congreso ha tenido la bondad de señalarme; no la necesito para vivir, en tanto que el tesoro público está agotado”
(carta al Presidente del Congreso: 09 de enero de 1824).
OB-CIT. P.12-13
LECTURA PARA PENSAR Y REFLEXIONAR
Adicción al celular: una enfermedad
Primero fue la televisión, luego el atari y después el Nintendo, pero conforme la tecnología avanza nuevas adicciones aparecen entre los jóvenes, y es que la dependencia al celular ya es diagnosticada como una nueva enfermedad, pues por el hecho de no tener el aparato cerca, la persona puede entrar en pánico.
Jael Esparza
jesparza@ehui.com
El tener todo en un aparato celular: video, cámara fotográfica, música, incluso televisión, ha provocado una nueva adicción, a tal grado que el depender de este artefacto es considerado como una enfermedad psicológica que requiere de tratamiento tanto terapéutico como medicinal.
Primero fue la televisión, luego el atari y después el Nintendo, pero conforme la tecnología avanza nuevas adicciones aparecen entre los jóvenes, y es que la dependencia al celular ya es diagnosticada como una nueva enfermedad, pues por el hecho de no tener el aparato cerca, la persona puede entrar en pánico.
Esta nueva enfermedad se ha detectado mientras más personas hacen uso excesivo del móvil, pues ahora los usuarios no pueden dejar apagado el celular por minutos, y de ser así lo encienden a cada instante para verificar si existen mensajes de texto o de voz.
Esta adicción puede provocar problemas familiares, escolares, en el trabajo, incluso de manera personal, pues es tanto la dependencia a este aparato de comunicación que termina por ocasionar graves problemas psicológicos.
Adicción al celular: una enfermedad
La psicóloga Esther Ramírez Rangel explicó que las personas que padecen esta adicción al celular son consideradas con una enfermedad y la forma de como detectarlo es la siguiente:
La persona siente necesidad de un teléfono celular a la mano, al grado de que no tenerlo le impide estar bien o sentirse bien, y le genera angustia, estrés o desesperación.
Esta nueva adicción ataca a cientos de personas, y lo peor de todo es que no se dan cuenta que son adictos, pues ven como algo normal el hecho de estarlo revisando a cada instante o simplemente el traerlo en la mano.
Sin embargo, la Psicóloga aseguró que el teléfono celular fue creado para diferentes fines, como por ejemplo el cómpralo para estar a la moda y con la pretensión de sentirse mejor, lo que puede convertirse en una forma de competir y llamar la atención a tal grado que se pueden simular llamadas.
Y es que la tecnología ha avanzado mucho en los últimos tiempos con lo que respecta a los teléfonos móviles, ya que algunas personas lo compran por el hecho de que tenga cámara fotográfica, de video o juegos.
Síntomas
Según los expertos en este tema, los síntomas más comunes son la sensación de susto o alarma, esto por si se le olvidó en el hogar o en el carro, así como la sensación de que algo malo ocurrirá por no traer el móvil.
Otro de los síntomas que podrían indicar que una persona presenta adicción al celular es el sustraerlo de la bolsa para ver si es el suyo el que está sonando; el utilizarlo como una forma de aislamiento.
La adicción al celular orilla a las personas a no respetar los lugares en los que se encuentran, pues hay quien puede llegar a responder los mensajes o llamadas telefónicas en el cine, funerales y posiblemente en las iglesias, pero quizá lo más grave es que algunas personas aseguran que su celular suena aún cuando está apagado.
Los jóvenes son más propensos
Al realizar un sondeo para ver quiénes son las personas o el blanco fácil para convertirse en adicto al celular, las cifras que arrojó la encuesta fue que los adolescentes son las futuras víctimas de este trastorno psicológico.
Y es que nueve de diez estudiantes de diferente nivel educativo, como por ejemplo, preparatorio y universidad, confesaron presentar algunos de los síntomas antes mencionadas, como el mostrar desesperación cuando no traen el celular a su alcance.
Las personas que más padecen de este descontrol emocional son las mujeres, tal es el caso de Sheila Bojórquez, estudiante de preparatoria, quien dijo depender de su celular porque en ocasiones revisa continuamente si le llegó algún mensaje, pero cuando no ve nada en la pantalla comienza a desesperarse.
Otra mujer universitaria, Camila Ortiz Gómez, quien tiene celular desde hace varios años, explicó que podría ser que padezca de este adicción, pero no al grado de tener que dormir con él, expresó con una sonrisa, pero sí aceptó que al no traerlo consigo siente que no está completa.
Y es que el hecho de sentir esta sensación a veces la desespera, porque sabe que es como depender de algo, pero si bien es cierto le sirve para mandar mensaje o hablar por teléfono, pero el ver que a veces no entra llamada lo revisa para ver si no está apagado.
Por su parte, el estudiante Carlos Francisco Ibarra Guevara se consideró como una persona no adicta a su celular, porque en varias ocasiones se le ha olvidado en su casa y no ha sentido la ansiedad como otras personas, pero cuando regresa a su domicilio verifica los mensajes o llamadas recibidas y las regresa para ver si una de ellas era de urgencia.
Un punto importante que no debe dejarse por un lado, es que los adolescentes de nivel secundaria ya están siendo víctimas de esta adicción, porque buscan tener los mejores celulares para poder tomarse fotos entre ellos, para ver los videos que bajan del Internet.
Pero últimamente son utilizados para crear pornografía, tal y como se denunció hace algunos días en este medio de comunicación, es por eso que el celular para los estudiantes de esta edad puede ser un arma de doble filo.
Consecuencias de la adicción
Esther Ramírez Rangel explicó que la adicción al celular puede ocasionar graves daños en el ambiente familiar, porque puede provocar distanciamiento cuando un integrante se encasilla en el celular mandando mensajes y hablando por teléfono y con esto se aísla de los suyos.
Mientras que en el ramo escolar, los niños y adolescentes se ven envueltos en competencias, por lo que pueden estar sujetos a adicciones como fondos de pantalla con artistas del momento, tonos de moda o algo más grave la pornografía, la cual afecta el desarrollo emocional.
De igual forma, el lenguaje al mezclarse idiomas o símbolos, y es que además en muchas de las ocasiones el celular es utilizado dentro del salón de clases para compartir información durante los exámenes y organizar actividades que descontrolan la disciplina escolar.
La Psicóloga argumentó que el adicto al celular se puede ver perjudicado en su ambiente de trabajo, esto por utilizar de forma excesiva el artefacto, provocando desconcentración en el rendimiento laboral, esto por hacer y recibir constantes llamadas o enviar mensajes de texto.
En cuanto a lo personal, el celular genera grados de angustia, desesperación, inseguridad, afectando la parte emocional, sin dejar fuera el descontrol físico porque los adictos manifiestan taquicardia, estrés y sudoración de manos por no tenerlo cerca.
Cómo enfrentar esta enfermedad
La experta en el tema de la adicción al celular, mencionó que ya una vez reconocido el problema que se tiene con la dependencia al celular, se debe de diferenciar entre los que es importante y lo que no, y con ello someterse a un tratamiento psicológico.
También opinó que la necesidad de que los celulares tengan nuevas funciones es interesante pero no importante ni decisiva para el uso de la comunicación, pues sólo bastaría con un teléfono común y sobre todo con el uso moderado de mensajes.
Es por eso que todas aquellas personas que sean adictas al celular y sientan la necesidad de estarlo cambiando cada determinado tiempo deben de hacerse las siguientes preguntas:
¿El celular que tengo cubre todas mis necesidades de comunicación?, ¿Me brinda mayor posibilidad de mejorar mi economía?, ¿Podré pagar el equipo, renta y mantenimiento?, ¿ Realmente necesito que mi teléfono celular tenga cámara, memoria expandible, acceso a Internet, entre otras cosas?.
Es por eso que conforme avanza la tecnología, nuevas adicciones irán apareciendo, por eso los expertos recomiendan hacer un uso adecuado de los aparatos celulares, platicar de ello y someterse a terapias psicológicas, porque la adicción a este dispositivo móvil es la enfermedad del presente.
Obtenido en: http://www.ehui.com/?c=2&a=65888
LECTURA # 4
Comunicación de nuestros días
¿Cómo pudimos llegar a esto? Aquí estamos sentados los dos en un céntrico café. Está atestado de gente y el aire está un tanto viciado. Tú no me miras. Pierdes tu hermosa mirada a través del cristal por donde entran los últimos rayos de aquel insistente sol primaveral.Te miro fijamente. Sé que tú sabes que te estoy contemplando en estos instantes, pero insistes en dirigir tu mirada hacia fuera. Observo las locas burbujas que recorren tu agua mineral. Miro en dirección a la puerta del local. Ingresan dos mujeres veinteañeras. Encuentro que ellas no se comparan contigo, ellas son demasiado falsas y frívolas… Tú eres demasiado sincera.Te miro. Tus ojos una vez más están bañados en lágrimas. Cuanta ternura me provocas. Si tan sólo volviéramos a ser la pareja que se conoció por primera vez, aquellos dos jóvenes a los que nada ni nadie les importaba, aquellos que con su amor podían enfrentar el mundo entero y hacer frente a cualquier situación.Tomas nuevamente tu cajetilla de cigarrillos y enciendes otro. Botas el humo al cielo, y tus ojos continúan vidriosos.Miro a mi alrededor. Cerca nuestro veo a una pareja de unos cincuenta años de edad. Están felices. Intento imaginarnos cuando seamos viejos, pienso el cómo te verías pasado todos los años que compartiríamos. Me despierta violentamente de mi sueño una bandeja repleta de cubiertos que aterrizó estrepitosamente en el piso. La gente sonriendo aplaude al culpable de aquella caída. Nosotros no estamos acá ni para reír ni aplaudir.Te observo detenidamente. Bajas nuevamente tu mirada, tomas el vaso y sorbes casi de la mitad del agua mineral de un trago. Dejas el vaso sobre la mesa con una delicadeza que acongoja mi corazón. Abres dificultosamente tus hermosos labios. Intentas decir algo pero del movimiento de tus labios no sale ningún ruido. Vuelves a cerrar la boca.¿Por qué siempre eres así? Intentas decir algo pero no puedes, soy yo siempre el que todo lo arregla. Nunca has podido decir algo que valga la pena, te cuesta hablar de lo bueno de las personas y yo siempre he tenido que hablarte bien.El calor me comienza a abrumar. Escucho risas de las mesas contiguas cada vez más fuertes. Tomo mi vaso de refresco y le doy un buen trago. Enfría algo mis pensamientos.Miro a una pareja muy joven, apenas deben pasar la mayoría de edad. Están tomando un refresco para los dos. El novio le dice cosas al oído a la novia, ella se sonroja y ríe. Cuantas veces te dije cosas lindas y no me regalaste ni siquiera una sonrisa, ni siquiera un gesto de agradecimiento. Cuantas veces hube de pedirte perdón por cosas que sólo tú pensabas que eran incorrectas, y después ni siquiera me dirigías la palabra. Cuantas veces te llamé y tú no me contestabas sabiendo que era yo el que estaba al otro lado del teléfono. Cuantas veces te invité a salir y no me regalabas ni un beso de amistad, ni una caricia. Cuantas veces soporté a tu madre siendo que ni siquiera le hablo a la mía.-¿Eso es todo? –te pregunto.-Eso es todo –me respondes.Me paro y avanzo a paso firme hacia el aire puro que me espera tras la puerta y no pienso mirar atrás.
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LECTURA # 5
Cuidado con el trasero del caballo
La distancia tipo entre los dos rieles del ferrocarril en los EEUU es de 4 pies y 8,5 pulgadas lo que serían 1,42 m. Es una cifra particularmente extraña…
¿POR QUÉ se eligió tal separación?Porque los primeros ferrocarriles de los EEUU fueron construidos a semejanza de los de Inglaterra, por ingenieros ingleses que pensaron que ello permitiría utilizar locomotoras y vagones ingleses.
¿POR QUÉ los ingleses habían construido así sus líneas férreas?Porque las primeras líneas férreas fueron construidas por los mismos ingenieros que habían construido los tranvías, cuyos rieles tenían la mencionada separación.
¿Y POR QUÉ los rieles de los tranvías tenían esa separación?Porque los primeros tranvías fueron hechos por los mismos carroceros que fabricaban las carretas, utilizando los mismos métodos y los mismos útiles.
Bien, pero ¿POR QUÉ las carretas tenían esas dimensiones?Pues porque en todas partes, en Inglaterra como en el resto de Europa, las carreteras tenían ya las huellas bien profundas, y una separación diferente entre las ruedas habría causado la ruptura del eje de la carreta.
Entonces, ¿POR QUÉ las carreteras tenían ya las huellas espaciadas así?Porque las primeras grandes vías europeas fueron construidas de esa manera por el imperio romano para acelerar el despliegue de las legiones.
¿POR QUÉ los romanos eligieron esa dimensión?Porque los vehículos para los que las carreteras estaban previstas eran los carros de guerra romanos, tirados por dos caballos. Dichos dos caballos galopaban el uno al lado del otro, y debían de estar espaciados lo suficiente para no molestarse mutuamente. Con el fin de asegurar la estabilidad del carro, las ruedas no debían encontrarse en la continuidad de las huellas dejadas por los cascos de los caballos y, al mismo tiempo, no podían estar demasiado separadas para no dificultar el cruce de dos carros que marcharan en dirección contraria.
Así, tenemos ya la respuesta a nuestra primera pregunta: el espaciamiento entre los rieles del ferrocarril en los EEUU (4 pies y 8 pulgadas y media) se explica porque hace 2000 años, en otro continente, los carros romanos estaban construidos en función de las dimensiones de la grupa de los caballos de guerra.
Y ahora, la guinda para rematar el pastel. Hay una prolongación interesante de esta historia de rieles y grupas de caballo. Cuando se mira la nave espacial americana desde un cierto punto de vista, pueden observarse dos depósitos adicionales de combustible unidos al depósito principal. La sociedad THIOKOL fabrica estos depósitos adicionales en su factoría de Utah. Los ingenieros que los han concebido hubieran preferido hacerlos más anchos, pero dichos depósitos debían ser enviados por tren hasta el lugar de lanzamiento de la nave espacial. La línea férrea entre la factoría y Cabo Cañaveral pasa por un túnel que atraviesa las Montañas Rocosas y los depósitos tienen que pasar, pues, por ese túnel, el cual es sólo ligeramente más ancho que la vía del tren, y la vía del tren es, a su vez, un poco más ancha que dos grupas de caballo.
Conclusión: uno de los factores a tener en cuenta en la concepción del medio de transporte más avanzado del mundo (la nave espacial) es la anchura del trasero de un caballo
LECTURA # 6
La casa encantada
Se dice que hace tiempo, en un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada.
Cierto día, un perrito buscando refugio del sol, logró meterse por un agujero de una de las puertas de dicha casa. El perrito subió lentamente las viejas escaleras de madera. Al terminar de subir se topó con una puerta semi-abierta; lentamente se adentró en el cuarto. Para su sorpresa, se dió cuenta que dentro de ese cuarto habían 1000 perritos más observándolo tan fijamente como él los observaba a ellos.
El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco. Los 1000 perritos hicieron lo mismo. Posteriormente sonrió y les ladró alegremente a uno de ellos. El perrito se quedó sorprendido al ver que los 1000 perritos también le sonreían y ladraban alegremente con él. Cuando salió del cuarto se quedo pensando para sí mismo: ¡ Que lugar tan agradable! ¡Voy a venir más seguido a visitarlo!
Tiempo después, otro perrito callejero entró al mismo sitio y se encontró entrando al mismo cuarto. Pero a diferencia del primero, este perrito al ver a los otros 1000 del cuarto se sintió amenazado, ya que lo estaban viendo de una manera agresiva. Posteriormente empezó a gruñir; obviamente vio como los 1000 perritos le ladraron también a él. Cuando este perrito salió del cuarto pensó: ¡Que lugar tan horrible es este! ¡Nunca mas volvería a entrar allí!
En el frente de dicha casa se encontraba un viejo letrero que decía: “La casa de los 1000 espejos” No eres responsable de la cara que tienes, eres responsable de la cara que pones. “Todos los rostros del mundo son espejos”… Decide cual rostro llevarás por dentro y ese será el que mostrarás
LECTURA # 7
Zanahoria, huevos y café
Me contaron que una hija se quejaba a su progenitor por los infortunios de su inexperta vida; no sabía qué ni cómo hacer para seguir adelante.
Estaba cansada de luchar en vano; cuando solucionaba un problema, ahí nomás, aparecía otro. Su padre era cocinero y hombre de pocas palabras. Después de escuchar los lamentos reiterados de su hija esa mañana, llenó tres ollas con agua y las colocó sobre el fuego. Prontamente estaban hirviendo. En una de ellas colocó zanahorias, en otra huevos y en la última granos de café.
La muchacha se preguntaba por las intenciones de su padre que no alcanzaba a comprender. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un pote; luego hizo lo mismo con los huevos y por último coló el café y lo puso en otro recipiente. Luego preguntó: - “¿Qué ves?” - “Zanahorias, Huevos y Café”, fue la respuesta inmediata.
El cocinero pidió a su hija que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y observó que estaban blandas. Luego le dijo que tomara un huevo y lo rompiera; al quebrar la cáscara se dio cuenta de que estaba duro. Luego le señaló que probara el café y al gustarlo disfrutó de su rico aroma.
La joven preguntó: - “¿Qué significa todo esto?”.
Él entonces explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: el agua hirviendo. Sin embargo los tres habían respondido de manera totalmente diferente.
La zanahoria cedió su dureza por blandura; el huevo cambió fragilidad por firmeza; solamente los granos de café lograron transformar el color y el sabor del agua.
El cocinero agregó: - “Dime querida, cuando la adversidad golpea tu puerta ¿Cómo le respondes? ¿Eres zanahoria, huevo o un grano de café?”
Cuantas personas que se jactan de su dureza desfallecen ante la primera contrariedad…! Otras en cambio inesperadamente, pareciendo débiles, se fortalecen en los conflictos; muy pocos, en cambio, son capaces de superar las causas del dolor con una reacción positiva, inesperada, armónica, para bien de todos.
En vez de maldecir la temperatura del agua podríamos investigar la calidad de nuestra respuesta.
El aroma del buen café impregna, es inconfundible, neto, siempre bien recibido.
El vuelo de los gansos
El próximo otoño cuando veas los gansos dirigiéndose hacia el sur para el invierno, fíjate que vuelan formando una "V". Es bien interesante que sepas lo que la ciencia ha descubierto acerca de por que algunas aves vuelan de esta forma. Se ha comprobado que cuando cada pájaro bate sus alas produce un movimiento en el aire que ayuda al pájaro que va detrás de él. Volando en "V" la bandada completa aumenta por lo menos un 71% su poder, mas allá de lo que lograría cada pájaro sí volara solo. Está demostrado que las personas que se unen y comparten una dirección común con sentido de comunidad, llegan mas rápido y mas fácil a donde desean porque se apoyan y se fortalecen mutuamente. Cada vez que un ganso se sale de la formación, siente inmediatamente la resistencia del aire, se da cuenta de la dificultad de hacerlo solo y rápidamente regresa a la formación para beneficiarse del poder de los compañeros que van adelante y ayudar a los que van detrás. Si nosotros actuáramos con la inteligencia de los gansos, haríamos todo lo posible por superar las diferencias, compartir una misma dirección y servir con lo mejor de nosotros mismos.Cuando el líder de los gansos se cansa, se pasa a uno de los puestos de atrás y otro ganso toma su lugar. Siempre obtenemos mejores resultados si tomamos turnos haciendo los trabajos mas difíciles en lugar de permitir que el peso lo lleven unos pocos o uno solo. Los biólogos han observado que los gansos que van detrás producen un sonido propio de ellos para alentar a los que van adelante a mantener la velocidad. Una palabra de aliento produce grandes beneficios. El estímulo motiva reconforta.Finalmente, cuando un ganso se enferma o cae herido por un disparo, otros dos gansos se salen de la formación y lo siguen para ayudarlo y protegerlo. Se quedan acompañándolo hasta que esté nuevamente en condiciones de volar ó hasta que muera y, solo entonces, los dos acompañantes vuelven a su bandada o se unen a otro grupo. Si nosotros aprendemos de los gansos, como solidarios con quien nos necesita y nos mantenemos uno al lado del otro acompañándonos y apoyándonos.

LA VENDEDORA DE FÓSFOROS
Hans Christian Andersen.(autor)
¡Qué frío tan atroz! Caía la nieve, y la noche se venía encima. Era el día de Nochebuena. En medio del frío y de la oscuridad, una pobre niña pasó por la calle con la cabeza y los pies desnuditos; llevaba en el delantal, que era muy viejo, algunas docenas de cajas de fósforos y tenía en la mano una de ellas como muestra. Era muy mal día: ningún comprador se había presentado, y, por consiguiente, la niña no había ganado ni un céntimo. Tenía mucha hambre, mucho frío y muy mísero aspecto. ¡Pobre niña! Los copos de nieve se posaban en sus largos cabellos rubios, Veía bullir las luces a través de las ventanas; el olor de los asados navideños se percibía por todas partes.
Se sentó en una plazoleta, y se acurrucó en un rincón entre dos casas. El frío se apoderaba de ella y entumecía sus miembros; pero no se atrevía a presentarse en su casa ya que si volvía con todos los fósforos y sin una sola moneda su madrastra la maltrataría, y, además, en su casa hacía también mucho frío. Sus manitas estaban casi yertas de frío. ¡Ah! ¡Cuánto placer le causaría calentarse con una cerillita! ¡Si se atreviera a sacar una sola de la caja, a frotarla en la pared y a calentarse los dedos! Sacó una. ¡Rich! ¡Qué luz tan hermosa! Creía la niña que estaba sentada en una gran chimenea de hierro, adornada con bolas y cubierta con una capa de latón reluciente. ¡Ardía el fuego allí de un modo tan hermoso! ¡Calentaba tan bien!
Pero todo acaba en el mundo. La niña extendió sus piececillos para calentarlos también; más la llama se apagó. Frotó otra, que ardió y brilló como la primera La niña creyó ver una habitación en que la mesa estaba cubierta por un blanco mantel resplandeciente con finas porcelanas, y sobre el cual un pavo asado y relleno de trufas exhalaba un perfume delicioso. ¡Oh sorpresa! ¡Oh felicidad! Pero la segunda cerilla se apagó, y no vio ante sí más que la pared impenetrable y fría.
Encendió un nuevo fósforo. Creyó entonces verse sentada cerca de un magnífico pesebre: era más rico y mayor que todos los que había visto en aquellos días en el escaparate de los más ricos comercios. Esta, embelesada, levantó entonces las dos manos, y el fósforo se apagó. Todas las luces del nacimiento se elevaron, y comprendió entonces que no eran más que estrellas. Una de ellas pasó trazando una línea de fuego en el cielo.
-Esto quiere decir que alguien ha muerto- pensó la niña; porque su abuelita, que era la única que había sido buena para ella, pero que ya no existía, le había dicho muchas veces: "Cuando cae una estrella, es que un alma sube hasta el trono de Dios".Todavía frotó la niña otro fósforo en la pared, y creyó ver una gran luz, en medio de la cual estaba su abuela en pie y con un aspecto sublime y radiante.
-¡Abuelita!- gritó la niña-. ¡Llévame contigo! ¡Cuando se apague el fósforo, sé muy bien que ya no te veré más! ¡Desaparecerás como la chimenea de hierro, como el ave asada y como el hermoso nacimiento! Después se atrevió a frotar el resto de la caja, porque quería conservar la ilusión de que veía a su abuelita, y los fósforos esparcieron una claridad vivísima. Nunca la abuela le había parecido tan grande ni tan hermosa. Agarró a la niña bajo el brazo, y las dos se elevaron en medio de la luz hasta un sitio tan elevado, que allí no hacía frío, ni se sentía hambre, ni tristeza: hasta el trono de Dios.
Cuando llegó el nuevo día seguía sentada la niña entre las dos casas, con las mejillas rojas y la sonrisa en los labios. ¡Muerta, muerta de frío en la Nochebuena! El sol iluminó a aquel tierno ser acurrucado allí con las cajas de cerillas, de las cuales una había ardido por completo.